Por Cesar Aguiñaga/ Content Jr
INT. HABITACIÓN DE CÉSAR – TARDE
CÉSAR (28) se sienta frente a su escritorio en su silla vieja, con el asiento hundido y el
respaldo flojo. Enciende la laptop, da clic en el Drive de Licuadora Group, abre el archivo de
Google Docs: “CON EL PODER DE LAS PALABRAS TAMBIÉN SE ESCRIBE EL
DESTINO”. Se rasca la cabeza y sin levantarse de su asiento, cierra un poco la cortina para
que no lo moleste el sol, dejando el cuarto con una luz tenue. De nuevo, enfoca su mirada
en la pantalla de la laptop mientras su perrita schnauzer se revuelca en la cama que está a
sus espaldas.
CÉSAR
¡Vamos a ver!
Comienza a leer en voz baja lo que escribió…
“Si no tomas riesgos, ¿para qué escribir?”, dijo alguna vez Guillermo Arriaga, uno de mis
novelistas y guionistas favoritos, una verdadera máquina para narrar historias y uno de mis
más grandes referentes para querer dedicarme a la escritura de guión cinematográfico.
Así como se lee, otro egresado frustrado de la carrera de Ciencias de la Comunicación que
se quiere dedicar a eso, ¡qué novedad!… Sé y entiendo que hacer cine en México es muy
complicado, pero por alguna razón, desde muy chico me llamó la atención el contar historias
a través de imágenes, y especialmente, trasladar en papel todas mis ideas (o en la
computadora).
El sueño comenzó mucho antes de iniciar la carrera y al día de hoy se sigue manteniendo,
aunque la vida me ha llevado por otros caminos por los cuales nunca creí pasar. “Si quieres
hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, dice uno de los personajes de la película Amores
Perros (por cierto, también escrita por Arriaga)… ¡Y vaya que mis planes no han salido
como yo esperaba!
En mi último día de la licenciatura todos se abrazaban con cariño, llorando de felicidad por
haber concluido una etapa de sus vidas, estrechando las manos de amigos que quizá nunca
más volverían a ver. Mientras tanto, yo me visualizaba rompiéndola a lo grande en el mundo
del cine y ganando un Ariel por mejor guión original… Nada más lejos que la realidad.
Por azares del destino, y con una pequeña dosis de terquedad e insistencia mandando CVs,
terminé como Community Manager y Copywriter en una agencia digital ubicada en la
Colonia del Valle durante la pandemia, creyendo que mis sueños por hacer cine se harían
polvo, como el Peter Parker de Tom Holland tras el chasquido de Thanos en Avengers
Infinity War; la verdad, nunca imaginé estar en un trabajo en donde tuviese que crear
contenido para redes sociales: no conocía gran cosa del mundo digital, pero me gustaba
escribir y desde muy chico comprendí el poder de las palabras, nunca destaqué por mi gran
conocimiento en matemáticas o geografía, ni por ser la persona más participativa, hasta
para la clase de Educación Física buscaba excusas para no hacer los ejercicios, pero, para
mi sorpresa, no era tan malo para redactar, de esa forma podía ponerle un orden a las ideas
que saltaban de una neurona a otra dentro de mi cabeza.
Nunca fui de pararme frente a una gran audiencia en un gran auditorio, ni mucho menos fui
un orador excepcional que inundaba de emociones e inspiración a quien me escuchara;
pero sí podía escribir un largo análisis sobre el libro en turno que me dejaran leer en clase,
o podía escribirle una carta a la chica que me gustaba y contarle que mis sentimientos por
ella eran tan fuertes y sinceros como mi amor por los tacos de suadero (eso no pasó, jaja).
Pero bueno, más temprano que tarde me di cuenta de una verdad reveladora que me
entusiasmo mucho y que conectaba con mi pasión por el cine y la escritura: las redes
sociales y el estar detrás de una marca, ya sea en Facebook, Instagram, Tik Tok, etc,
implicaba adaptarme a su estilo de comunicación e imagen. Es decir, un político no se
expresa igual que una estrella de rock. Una marca de pañales no dice lo mismo que una
marca de medicamentos. Todas tienen algo que decir, pero lo importante es cómo lo dicen.
Por eso es que me pareció un reto dedicarme a esto, ya que yo tenía el poder de contar una
pequeña historia a través de las palabras para que un usuario en redes sociales nos
siguiera, nos diera like, nos conociera aún más o le provocara la necesidad de adquirir un
producto o servicio, detrás de una computadora yo podía cambiar de personaje, un día
podía ser un experto en autos, otro día podía hablar de deportes, o incluso ser un experto
en suplementos alimenticios, solo con el poder de las palabras.
Y a ver, tampoco me considero un súper profesional en lo que hago, muchas veces me
cuesta trabajo encontrar la palabra adecuada para dar un mensaje, también me da miedo
escribir un dato mal y que me funen en redes sociales. Se me ha complicado tratar de
escribir un título corto para pauta de 30 caracteres cuando siempre me ha gustado
explayarme. Más de una docena de veces he tenido que reducir textos en una escaleta
porque lo que hoy funciona son los videos de 15 segundos, ¡gracias por hacerme eso Tik
Tok!
He necesitado de apoyo de otros grandes líderes para orientar mi trabajo, he tenido que
estudiar a la marca y ponerme a leer la estrategia que bajó el equipo de planning para
entender cuál es el objetivo, o me pongo a estudiar los reportes a final del mes para mejorar
mi trabajo… también creo que, a veces, es cosa de seguir tu instinto y ser un poco rebelde,
¿no crees? Todo es un trabajo colaborativo, y es una gran responsabilidad el usar las
palabras indicadas para escribir un posteo en Facebook o un reel de Instagram. Y aunque
en ocasiones el estrés es inmenso, o el camino por el que transito es incierto, siempre me
da gusto cuando veo que alguien más le dio like al video o el posteo que yo escribí, sin
importar que esa persona no tenga ni idea de quién fue que lo hizo. Y aquí también entra la
parte de los diseñadores, que sin ellos lo que yo plasmo no significaría lo mismo. Son como
esos directores de fotografía que conocen el plano perfecto para resaltar una emoción o
esos diseñadores de producción dentro de una película que hacen que todo se vea
fantástico.
Escribir le ha dado sentido a mi vida, a la forma en la que trabajo y plasmo mis ideas. Para
mí no es lo mismo mandar un audio por WhatsApp que redactar toda una biblia (prefiero lo
segundo). Mi creatividad también depende de sentarme frente a la computadora los fines de
semana y escribir sobre cualquier otra cosa que no tenga que ver con mi labor en la
agencia. Me encanta leer a mis autores favoritos y encontrar inspiración para ser mejor en
lo que hago. Porque sí, muchas veces las palabras indicadas para un carrusel de Instagram
pueden surgir de los lugares más inesperados, hasta de un libro de terror de Stephen King.
Me apasiona lo que hago, pues es parte de lo que soy como persona, incluso considerando
que a veces las circunstancias laborales pueden ser complicadas, como en cualquier rodaje
de cine. Pero, aunque en ocasiones me siento como un freak on a leash en este mundo
creativo, siempre trató de encontrar las palabras correctas para contar la mejor historia, o en
este caso, redactar el mejor posteo. Y tal vez por el momento no me dedico a escribir
guiones, ¡pero sí escribo! Y he tratado de aprovechar las oportunidades que me han caído
del cielo para seguir aprendiendo.
En fin, no creo que sea conveniente alargarme más, tal vez muchos ya dejaron de leer
desde el tercer párrafo. La moraleja de esta historia es: aguas con lo que escribes en redes
sociales porque el poder de una palabra hace la diferencia en si te dan like, te siguen o te
cancelan… ¡No es cierto!
Aprovecha las oportunidades que lleguen a tu camino; lo interesante de esta aventura es
que nunca sabes en qué película te tocará ser protagonista. Tampoco dejes de hacer lo que
te gusta, puede que en lo que estés trabajando ahora te abra otras puertas para llegar hasta
donde quieres. Y sí, con el poder de las palabras también se escribe el destino: ya sea el de
una marca en redes sociales, de una campaña publicitaria, el de un reporte de métricas que
se le enviará al cliente, el de tu vida amorosa, o incluso el de la persona que estás por
convertirte…
INT. HABITACIÓN DE CÉSAR – CONTINÚA
César se levanta de su silla dejando la laptop encendida. Se dirige a la puerta, su perrita
corre detrás de él y ambos salen del cuarto. La CÁMARA hace un ZOOM IN a la pantalla,
enfocando el cursor de inserción en la frase “¡Gracias por leer!”.
DESVANECE A NEGRO: