
Por Katia García Delgado
Content Manager Jr
“Tienes una vida más interesante si llevas ropa impresionante” – Vivienne Westwood.
La moda llegó a mí como llegan los silencios profundos: sin pedir permiso, pero con una fuerza que transforma y trasciende. No es solo por cómo se ve, sino por lo que provoca. Descubrí que a los 17 años vestirme era también una forma de decir lo que no sabía escribir con mis propias palabras para que más adelante pudiera habitar el mundo como un lienzo en pleno movimiento.
Me gusta hablar de inspiración porque de ahí nace la esencia de cada alma, en cada persona, creo que cada uno de nosotros somos una pequeña red de pequeñas pasiones que conforman este universo.
Llevo algo de tiempo siguiendo la trayectoria de una particular amiga, lleva la fiesta en el cielo, pero la recuerdo con mucha admiración por la marca que dejó en mí, mi querida amiga Vivienne W. quien me enseñó que en la rebeldía también hay poesía, que no hay límites para dejar de crear y atreverse a desafiar la realidad, y ni hablar de Alexander McQueen quien me reveló que el dolor y la belleza a veces caminan de la mano, así, como el drama y la fragilidad pueden convivir en una misma silueta tras pasarelas. Y Rei Kawakubo… Ella rompió con todo lo que creía que eran las formas, me mostró que el cuerpo no necesita límites, que lo extraño también puede ser espléndido.
El arte también me ha enseñado a mirar con otros ojos, las películas a soñar con otras vidas, otros tiempos, otra mente y lo sencillo de vivir que es lo más auténtico que existe, para mí, son formas de respirar ante el caos del mundo, un claro ejemplo de esto es admirar con detenimiento la pintura “El ángel caído” de Alexander Cabanel, observar a detalle esa mirada rota, la belleza melancólica que se niega a desaparecer entre más la ves, ese perfecto instante en el que la luz y la oscuridad conviven la una con la otra, no tiene comparación alguna, es magia escondida que provoca sensaciones únicas.
Cuando algo te mueve, no hay vuelta atrás y lo entendí perfecto, como aquella escena de “El diablo viste a la moda”, donde Miranda Prestly habla del color azul cerúleo y cómo llegó a estar en un sútil suéter… Me marcó absolutamente, porque entendí que nada es casual, que hasta lo más mínimo tiene una raíz, una narrativa y una intención.
Gracias a toda esta colección de grandes referentes, he podido fusionar la inspiración que me han dejado con el día a día, aplicándola en lo que pienso y hago en cuanto a las ideas que debo aportar y en la mayor parte que debo interpretar, porque cuando se puede, romper el molde y los estándares es lo más rockstar que uno puede hacer.
Al final, la moda y lo que me apasiona no es solo algo que sigo. Es algo que me sigue, que me acompaña, que me refleja, así es como encuentro una forma suave y honesta de estar en el mundo para seguir descubriéndome con delicadeza cada día.